El jazz tiene un gran significado para mi desde hace muchos años y, creo, que eso es más que palpable. Hoy celebramos con júbilo el Día Internacional del Jazz, y vaya la felicitación a todos los que tenemos el jazz como forma y motor de vida. que siempre haya mucho jazz en vuestros pasos.

A quienes lo disfrutan al escucharlo, a quienes hacen vida en el Jazz y a quienes han hecho del Jazz su vida. A quienes hacen del Jazz su bitácora de navegación, a quienes creen en el Jazz como verbo, actitud y forma de vivir. ¡Feliz Día Internacional del Jazz!

¡Felicidades!

#jazzday

 

Y aquí les comparto mi podcast para esta ocasión

Recordando esta entrevista que me hicieron los amigos de la revista digital Mérito Compartido.

Mérito Compartido

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EL PAÍS SOÑADO: FÓSFORO SEQUERA.

El país soñado se logra con SU GENTE, pero GENTE GENUINA; hombres y mujeres que día a día luchan por sus sueños. Es por ello que esta sección de nuestra revista hace homenaje a Venezolanos, que parecieran comunes, pero que con su pasión hacen de nuestra Venezuela El País que todos Soñamos.

En el marco de nuestra edición #lamusicaesbienestar, celebramos la entrevista realizada a José Manuel Sequera Hernández, mejor conocido como Fósforo Sequera, artista y músico. Nace en la ciudad de Valencia, estado Carabobo el 28 de octubre de 1967, ciudad que conoce y disfruta su Pasión por el Jazz.

¿Quien es Fósforo Sequera:

Editor: ¿Cuáles son tus valores personales?

Fósforo: Respeto, Disciplina, Preparación y Lealtad.

Editor: Comida favorita. 

Fósforo: La que hace mi Madre y mi Esposa. Sin embargo, el Pabellón sigue siendo mi favorito.

Editor: Película favorita.

Fósforo: Bird (Clint Eastwood, 1988), Calle 54 (Fernando Trueba, 2000) o The Green…

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Las baquetas hacían los malabarismos de manera sorprendente, buscando el sitio preciso por donde el sonido reclama presencia. Golpeando el borde, metal y cuero suenan para caracterizar la sonoridad que plasma el instrumento, ese mismo que Puente logró colocar en el sitio protagónico del escenario, ese mismo que tiene cultores públicos y secretos, ese mismo que le pidió permiso a la tumba y al bongó para incorporarse a la comparsa. Cada cual importa, cada cual aporta, pero es éste, el que carga macho y hembra adornado con campanas y platillos, el que me brinda los sonidos y la cadencia necesaria para poner en clave mis días, el que me hizo, a su modo, regalarle flores a la música como quien la pretende, como quien la corteja.

Allí he visto algunos maestros de quienes cada día aprendo algo bueno, algo nuevo. Puente, quien le dio la definitiva importancia a un instrumento relegado a las gradas del escenario, maestría aparte. Naranjo, insigne humano que regala sabiduría a quien se la haya ganado en buena lid, quien universaliza conceptos y sonoridades. Oquendo, quien se expresa pausadamente en el lenguaje de la clave. Vilató, el explosivo que recorrió caminos plagados de salsa y rock. Almendra, dueño del sonido seco, expresivo, propio. Navarro, cultor de una tradición y determinante al hablar de la salsa hecha en Venezuela. Hernández – El Pavo – escuela trascendente y de enorme dimensión. Borregales, volaísimo y creativo. Cada uno, entre tantos nombres más que harían interminable esta nota, hace su aporte desde una perspectiva muy personal, con ejecuciones que van desde lo pirotécnico hasta lo lírico, de lo tradicional a lo novedoso, sin dejar de ser lo que se es. De ellos aprendo.

Allí he estado, frente a mis timbales, donde mis manos se extienden tanto como las baquetas me lo permiten, donde la madera choca sin piedad con las pailas, calentando sus fibras para ir decirle al cuero que nos brinde su mejor repertorio de sonidos. Allí he estado, tratando de descifrar lo que me dicen cual receptor de código morse, llevando la clave conmigo, aprendiendo a respetarlos para que me permitan escribir los sonidos que componen mi mensaje.
Ellos, mis queridos timbales, son más que mis compañeros en el sonido, son mi reducto de batalla donde fabrico lanzas de abanicos, baqueteos de cañones, fuego donde se cocinan las sonoridades que provienen de las pailas. Con ellos pretendo honrar la memoria de los que han ido a buscar sonidos al más allá, agradecerle a los que están por lo generosamente nos dan, y mostrar que el ritmo se compone, también, de alma y sentimiento.

Con clave y sabor, repicando la paila, golpeando el cuero, así voy.

Seguimos en clave…

Tengo al jazz como epicentro artístico, una suerte de piedra angular desde donde empiezan a tomar forma las ideas que se van creando en mi mente, así como todas las influencias musicales que provienen desde diversos puntos cardinales. Obviamente, ingredientes como estudio, preparación, investigación, honestidad, humildad y mucha entrega son imprescindibles.

Y así camino, buscando nuevas rutas.

Así vivo.